Los
orígenes de Vilagarcía se remontan a mediados del
siglo XV, cuando el hidalgo García de Caamaño otorga
una franquicia a los “moradores et probadores” de
lo que define como “meu porto e lugar”. Aquellas primeras
viviendas se construyeron en la zona de O Castro, germen de lo
que hoy conocemos como Vilagarcía. Sin embargo, el poblamiento
del municipio se remonta a muchos siglos antes. Los petroglifos
de Os Ballotes, representaciones de arte rupestre grabados en
roca, son los vestigios más importantes (segundo milenio
a. de C.). Las figuras representadas en Os Ballotes incluyen tres
ciervos en movimiento; otros que portan en su parte posterior
un círculo, que ha sido interpretado como el círculo
solar; y otra escena en la que se aprecia la representación
de un animal que lleva en su grupa a un antropomorfo. La mejor
hora para acudir a contemplar estas representaciones es al atardecer,
pues las líneas que componen los dibujos son mucho más
visibles con la luz baja del crepúsculo.
Dentro de la riqueza monumental de Vilagarcía, un apartado
muy importante lo ocupan los pazos, casas señoriales que
combinan la riqueza monumental con otros elementos indicativos
de su vinculación con el poder rural: capillas, hórreos,
alpendres, viñedos, etc. Concebidos como centro de control
de las propiedades agrícolas de los señores, los
pazos más antiguos presentan construcciones defensivas,
mientras que los de factura más reciente incorporan elementos
ornamentales.