Acercarse
al ayer y hoy de Vilagarcía de Arousa exige una aproximación
previa a dos realidades geográficas distintas pero complementarias:
el Valle de O Salnés y la Ría de Arousa.
Vilagarcía se halla situada, en primer
término, en la cabecera Norte de O Salnés, una comarca
natural cuyas características fueron celebradas desde los
tiempos más antiguos por la fertilidad de sus tierras y
la bondad de su clima. Pero Vilagarcía es, ante todo, sinónimo
de Arousa. Y Arousa es la mayor y la más bella de las Rías
Gallegas.
No es extraño, por tanto, que esta privilegiada
porción del litoral galaico haya estado habitada desde
épocas muy remotas. Las figuras de ciervos, cazoletas y
círculos de los petroglifos de Os Ballotes y Meadelo, ambos
en la parroquia de Bamio, datables en torno al segundo milenio
a.C., son algunos de los vestigios más antiguos de hábitat
en esta zona.
Los castros de Alobre, Carril, Agudín
y Lobeira; el hallazgo en estos recintos de monedas y alfarería
romanas; las monedas visigóticas del cementerio de Vilaxoán...
evocan un poblamiento continuado del municipio vilagarciano.
El
primer documento que se refiere a estas tierras data del año
912, cuando el obispo Sisnando las cede al poderoso Monasterio
de San Martín Pinario. Durante siglos, los monjes ejercieron
su dominio sobre la antigua Arealonga, hasta que en el siglo XIV
una familia de hidalgos, los Caamaño, se asentó
en Rubiáns (hoy parroquia de Vilagarcía). Unas veces
aliados con el Arzobispo, otras con el Rey, y siempre con ventajosos
enlaces matrimoniales por medio, los Caamaño se hicieron
con el dominio de la próspera Arealonga para fundar, a
mediados del siglo XV, el puerto y villa de Vilagarcía.
El siglo XVII fue un momento de esplendor, con
la figura de Fernando de Andrade y Sotomayor, descendiente de
los fundadores y arzobispo de Compostela, como figura más
relevante. En el XVIII, los Mendoza y Sotomayor lograron el Marquesado
y al poco tiempo, un mercado franco, que aún hoy se sigue
celebrando.
El
XIX fue el siglo de la consolidación de Vilagarcía
como puerto y villa cabecera de O Salnés. La ciudad fue
la primera en levantarse contra los franceses, el 12 de mayo de
1808, siendo por ella duramente reprimida. Esto obligó
a su reconstrucción y a mirar al puerto como motor de su
futuro.
En 1873, Vilagarcía se convirtió
en la estación término del primer ferrocarril de
Galicia (Santiago-Carril). Su carácter de “puerto
natural de Compostela” marcó desde entonces su carácter
abierto y cosmopolita, y por ello no extraño que en Vilagarcía
se sitúe la primera referencia documental sobre la llegada
del fútbol a España.
En 1907, la pujante Vilagarcía se convirtió
en una referencia para Galicia, tras la cesión de la isla
de Cortegada al rey Alfonso XIII para que en ella construyese
un palacio real de verano. Seis años después en
1913, los entonces ayuntamientos independientes de Carril, Vilaxoán
y Vilagarcía se unieron para convertirse en la actual Vilagarcía
de Arousa, una ciudad abierta y mestiza, que lidera una de las
comarcas con mayor proyección de Galicia.